La Ley de 40 horas en Chile ha sido presentada como un cambio gradual. Sin embargo, abril de 2026 marca un punto concreto dentro de esa transición: la jornada ordinaria máxima baja de 44 a 42 horas semanales.
Puede parecer un ajuste menor, pero en la práctica es el momento en que muchas empresas dejan de prepararse y empiezan a operar bajo una lógica distinta.
Esta ley establece una reducción progresiva de la jornada laboral, lo que obliga a las organizaciones a adaptar no solo sus contratos, sino también la forma en que gestionan el tiempo, los turnos y el control de asistencia.
¿Qué cambia realmente en abril de 2026?
El cambio específico es claro: la jornada baja a 42 horas semanales. Pero el impacto va más allá de esas dos horas.
A partir de este punto, las empresas deben ajustar cómo distribuyen la jornada. Esto puede implicar acortar días laborales, reorganizar turnos o redefinir la carga diaria de trabajo. No existe una única forma de hacerlo, pero sí una exigencia común: que la operación siga funcionando con menos horas disponibles.
Para áreas de recursos humanos y administración y finanzas, esto introduce una mayor presión por ordenar la información y asegurar que la jornada se esté cumpliendo correctamente.
Menos margen de error en la gestión del tiempo
Con una jornada más corta, cualquier desviación empieza a notarse más.
Situaciones que antes podían corregirse sin mayor impacto —como marcaciones incompletas, diferencias en horas extra o ajustes manuales— ahora tienen efectos más directos en costos, cumplimiento y gestión interna.
Además, al reducirse la jornada base, es más fácil que se generen horas extraordinarias si la planificación no está bien ajustada.
Esto hace que la gestión del tiempo deje de ser un tema administrativo y pase a ser una variable crítica en la operación.
Registro de asistencia: de requisito a elemento clave
En este contexto, el registro de asistencia adquiere un rol más relevante.
En Chile, las empresas deben contar con sistemas que permitan respaldar la jornada laboral ante fiscalizaciones de la Dirección del Trabajo, lo que exige información clara, trazable y disponible .
Pero el desafío no es solo cumplir con la normativa. También es poder gestionar con esa información.
Muchas organizaciones aún trabajan con datos dispersos o sistemas poco integrados, lo que dificulta tener una visión completa de las horas trabajadas, las ausencias o las horas extraordinarias. En un escenario de 42 horas, esa falta de visibilidad se vuelve más crítica.
Un cambio que obliga a gestionar mejor
Lo que empieza a consolidarse en 2026 es un cambio en el estándar de gestión.
Ya no basta con registrar asistencia. Es necesario entender cómo se distribuyen las horas, detectar desviaciones a tiempo y ajustar la operación antes de que se generen problemas.
Esto es especialmente relevante en empresas con turnos, trabajo en terreno o esquemas más flexibles, donde el control manual pierde efectividad rápidamente.
Para áreas de RRHH y finanzas, implica pasar de una lógica reactiva a una más preventiva, con mayor control sobre la información.
Adaptarse a un nuevo escenario operativo
La reducción a 42 horas en abril de 2026 es el primer punto donde el cambio se vuelve realmente operativo para muchas empresas.
Las organizaciones que logren ajustar sus procesos podrán mantener el control y evitar desviaciones. En cambio, aquellas que no adapten su forma de gestionar el tiempo comenzarán a enfrentar mayores dificultades en su operación diaria.
En este contexto, soluciones como Smartic permiten abordar estos desafíos de forma más estructurada, entregando visibilidad en tiempo real de las marcaciones, facilitando la corrección de inconsistencias, integrando la información con sistemas de recursos humanos y generando reportes alineados con la normativa vigente. Al contar con un sistema certificado por la Dirección del Trabajo y adaptado a los requisitos asociados a la Ley de 40 horas, Smartic permite a las empresas cumplir con la regulación y, al mismo tiempo, gestionar de manera más eficiente la jornada laboral.
Preguntas frecuentes sobre la Ley de 40 horas en Chile
¿Qué cambia en abril de 2026 con la Ley de 40 horas?
La jornada ordinaria máxima baja de 44 a 42 horas semanales, lo que obliga a las empresas a ajustar su planificación y gestión del tiempo.
¿Cómo afecta esto a las empresas?
Reduce el margen de error en la gestión de horas, aumenta la necesidad de planificación y puede generar mayor incidencia de horas extraordinarias si no se ajusta la operación.
¿Es obligatorio llevar control de asistencia?
Sí, las empresas deben contar con sistemas que permitan registrar la jornada laboral y responder ante fiscalizaciones.





